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Las «Memorias» del rey Abd Allah

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ManuscritoEstamos en Fez (Marruecos) en el año 1930. Hace un calor sofocante. Envueltos en una nube de polvo los obreros que trabajan en la mezquita de Al-Qarawiyyin golpean con sus mazos una y otra vez la pared de una de las salas de la escuela coránica. Tienen orden de derribarla. Consiguen su objetivo y se quedan atónitos: al otro lado hay una cámara llena de códices y manuscritos tirados por el suelo, desgastados por la acción de los insectos y del tiempo. El capataz va en busca de los arqueólogos. Ante el asombro de los operarios, ven cómo unos y otros se felicitan en francés. Habían encontrado una biblioteca secreta, tapiada hace siglos, que contenía libros olvidados, tal vez heréticos, de la que nadie tenía noticia. Aquello confirmaba las sospechas del arquitecto, que aseguraba que los planos originales no coincidían con la planta de la actual mezquita, de modo que detrás de aquella pared tenía que esconderse otra dependencia.
Sin embargo, se sienten un poco decepcionados. No hay ninguna pieza arqueológica digna de mención, solo aquel amasijo de pergaminos. Tras unos minutos de vacilación, el jefe de los expertos entra, recoge del suelo una página suelta, escrita con caligrafía clásica, todavía legible, intuye el valor del hallazgo y comprende que debe ponerse en contacto con la Universidad de Argel.

A los pocos días llega el catedrático Évariste Lévi-Provençal para hacer una evaluación del material encontrado. Mientras hace inventario, halla un antiguo códice al que le faltan las primeras páginas. Comienza a leerlo para saber de qué se trata. Cuando los nombres Ibn Buluggin, Zirí, Granada, Al-Andalus, Pedro Ansúrez, Alfonso, Alvar Fáñez, Al-Mu’tamid, Sevilla, Zalaca aparecen en el relato decide solicitar la ayuda de un colega español. Piensa en Emilio García Gómez, el joven arabista, catedrático de la Universidad de Granada, que acababa de editar Poemas arabigo andaluces, una antología de poetas andalusíes de los siglos X al XIII.

Cuenta con tintes sombríos la llegada de los almorávides, guerreros del norte de África, salvaguardas de la pureza del Islam

Don Emilio llega a Fez, se entrevista con su colega francés; éste le confiesa que, aunque ha nacido en Argelia, desciende de una antigua familia de judíos provenzales. El español sonríe, tal vez pensando en la Escuela de Traductores de Toledo, donde durante la Edad Media cristianos, judíos y musulmanes trabajaron codo con codo, y acepta el reto: juntos traducirían y glosarían aquel manuscrito.
El trabajo es apasionante, no deja de sorprenderlos. En primer lugar, aquel libro es una autobiografía. La de Abd Allah, un rey de Granada del siglo XI, que conoció personalmente a Alfonso VI, Álvar Fáñez y Pedro Ansúrez; pero que no menciona al Cid, y que describe la batalla de Zalaca como si se hubiera tratado de un acontecimiento deportivo, y no una de las más sangrientas de la historia de Al-Andalus.
El libro está salpicado de disgresiones sobre filosofía, astrología y medicina; al llegar a la parte donde Abd Allah acepta que Jesús es el Mesías, y a otra donde afirma que el uso del vino no contraviene los preceptos del Corán, los dos eruditos comprenden por qué el libro había permanecido escondido durante siglos.
Sin embargo, comienza inocentemente con la genealogía del rey de Granada, ensalzando las gestas de sus antepasados bereberes del clan Zirí, que cruzaron el estrecho para huir del clan Zanata. Y explica ingenuamente cómo llegó al trono: a los diecisiete años los nobles lo eligieron a él, en vez de a su hermano mayor, por considerarlo más manejable.
Abd AllahY efectivamente así fue durante los primeros años de reinado, donde su única ocupación fue amar bellas mujeres, beber vino, y celebrar ruidosas fiestas nocturnas con sus eunucos favoritos, hasta que se hartó y empezaron a rodar las cabezas de sus cortesanos: había llegado el momento de ejercer el poder por sí mismo.
Los dos investigadores se miran contrariados, no por la conducta del rey Abd Allah, muy frecuente entre emires de la época, sino porque el relato se interrumpía abruptamente. Faltaba la continuación del manuscrito.
Sin embargo, diez años más tarde, en 1941, encuentran nuevos pergaminos relacionados con la autobiografía. Lévi-Provençal vuelve a llamar a García Goméz y juntos van desentrañando las mil y una historias que cuenta el rey zirí sobre las intrigas del harén: cómo las «princesas», es decir, su madre, su hermana, sus tías, sus primas, las antiguas concubinas de su padre, y sus propias favoritas no hacen más que ponerse la zancadilla unas a otras; hasta que acusadas de sustracción de fondos del tesoro real, se unen todas para probar que son inocentes. Sigue un relato de espionaje, donde la esposa de un visir, despechada porque su marido la había postergado por una esclava, se ponía en contacto con un capitán cristiano para… Los dos traductores se quedan con la miel en los labios: las páginas siguientes han desaparecido. Lo único que sacan claro es que en la corte de Granada todo el mundo intriga, hasta que caen víctimas de sus propios enredos y venganzas.

En 1947 Évariste vuelve a ponerse en contacto con Emilio —después de tantos años les une una verdadera amistad—, esta vez para comunicarle que han encontrado páginas pergaminos y que el asunto se pone cada vez más interesante: entra en escena Alfonso VI.
Prosiguen el trabajo interrumpido y según van traduciendo, se dan cuenta de que el monarca leonés no desea conquistar Granada, aunque se lo propone el hayib de Sevilla; pero que manda a Álvar Fáñez para exigir al rey zirí una fuerte suma a cambio de su «protección». Y con esta especie de negociación entre mafiosos, el asesinato del jefe de la aljama judía, y algún que otro soborno, la autobiografía está a punto de convertirse en una novela negra; sin embargo, el estilo infantil de Abd Allah consigue que la narración se diluya en una trama picaresca: el descubrimiento de un tesoro escondido, la astucias de su madre, la boda de su hermana, un intercambio de castillos…Todo sazonado con la descripción de las intrigas de los reyes de taifas, convertidas en un cotilleo más de la corte granadina.
Sin embargo, el final casi es de tragedia griega. Cuenta con tintes sombríos la llegada de los almorávides, guerreros del norte de África, salvaguardas de la pureza del Islam, llamados por los reyes de Sevilla y Badajoz sin consultar con él, en un intento desesperado por quitarse de encima la pesada carga económica que les ha impuesto Alfonso VI de León; pero los aliados se convierten en invasores, proclaman la yihad, declaran herejes a los reyes de taifas y los derrocan, empezando por Abd Allah y terminando por los otros.
El protagonista de la historia apenas puede encubrir su vergüenza por la forma en que fue tratado por el general Garur, que había cruzado el estrecho para conquistar Al-Andalus. Tras entregar la ciudad, lo desnuda públicamente para cerciorarse de que no ha guardado ni una perla, ni un diamante, ni una moneda de oro entre los pliegues de su ropa. Solo consigue una gracia: no caminar encadenado, sino cabalgar sobre una mula hasta su lugar de destierro, Agmat, una pequeña ciudad perdida en el desierto, al sur de Marruecos. Allí, después de conocer las alegrías de la vida sencilla y la paternidad, decide escribir sus memorias.
Al terminar de traducir las últimas líneas, los dos amigos intercambian una mirada cómplice. De 1935 a 1936 el francés había publicado varios artículos en la revista Al-Andalus, en la que también escriben García Gómez y Menéndez Pidal, glosando los textos traducidos de la primera parte del manuscrito. En 1944 publicó en árabe el texto completo. Era hora de sacar a la luz una traducción francesa y otra española. Sin embargo estos planes no pudieron llevarse a cabo. La muerte de Lévi-Provençal y la entrada de García Gómez en el mundo de la diplomacia interrumpieron el proyecto.
Portada Memorias de Abd AllahUna vez jubilado, don Emilio pensó que debía rematar la obra conjunta publicando el texto completo en español. Y así lo hizo en el año 1980, bajo el título: El siglo XI en 1ª persona: Las " Memorias " de ' Abd Allah, último rey Zirí de Granada destronado por los Almorávides (1090) (Alianza Literaria (Al))
Si alguien quiere escribir una novela histórica en la que se narren los entresijos del reinado de Alfonso VI y la caída de Al-Andalus en poder de los almorávides, esta obra es una fuente preciosa de datos y anécdotas que facilitará mucho el camino al autor. La recomiendo de todo corazón. Pero ojo, no nos llamemos a engaño: en ella no se menciona ni una sola vez a Rodrigo Díaz de Vivar, aunque a la última mitad del siglo XI se la conozca como la Época del Cid… ¿Por qué? Ese es un misterio que dio mucho que pensar a Menéndez Pidal. Tal vez hablemos de él en otro artículo.

 

Évariste Lévi-Provençal

Evariste Levi ProvencalÉvariste Lévi-Provençal nació en Costantina (Argel) en el año 1874 en el seno de una familia judía de nacionalidad francesa. Su verdadero nombre era Makhlóuf Evariste Levi. A los diecinueve años decidió modificar su apellido, añadiendo a Levi la palabra Provençal, haciendo referencia a la región donde vivieron sus antepasados.
Fue historiador, escritor, editor, traductor, director del Instituto de Estudios Islámicos de Argel, catedrático de la Universidad de Argel (1927) y de la Sorbonoa (1945). A él se debe la traducción de numerosos manuscritos árabes, tales como las memorias de Abd Allah ben Buluggin. Uno de sus colaboradores más asiduos, con el que mantuvo una amistad fraternal, fue Emilio García Gómez. Murió en 1956.

 

Emilio García Gómez

Emilio García GómezEmilio García Gómez nació en Madrid en el año 1905. Estudió Filosofía y Letras. A los 21 años era profesor auxiliar de cátedra, doctorándose en 1926. En 1927 le concedieron una beca que le permite viajar a Siria, Irak y Egipto. Allí tiene acceso al manuscrito de Ibn Said al-Magribí El libro de las banderas de los campeones, antología poética que traduce y edita en 1930 bajo el título de Poemas arábigo andaluces. Ese mismo año se convierte en catedrático de la Universidad de Granada y en 1935 de la Universidad Central de Madrid. De 1958 a 1985 es embajador en Irak, Líbano, Turquía y Afganistán. En colaboración con su gran amigo Lévi-Provençal tradujo las memorias de Abd Allah, último rey zirí de Granada, que editaría en España con el título El siglo XI en primera persona. Memorias de Abd Allah, último rey zirí de Granada, destronado por los almorávides (1090). También con el erudito hebreo nacionalizado en Inglaterra, Samuel Miklo Stern, publica un trabajo sobre varios manuscritos andalusíes encontrados en la sinagoga de Fostat en El Cairo. En solitario hizo una magnífica traducción de El collar de la paloma, del escritor andalusí del siglo XI Ibn Hazm. En 1975 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Granada. En 1992 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Falleció en 1995, a los noventa años de edad.

 

En este artículo del diario ABC se hace mención al descubrimiento del manuscrito en Fez, en la mezquita de al-Qarawiyyin, y su posterior incorporación a la biblioteca oficial. Hemeroteca

 

*María Ángela Martín Vega es autora de El códice del Franco

 

En este artículo del diario ABC se hace mención al descubrimiento del manuscrito en Fez, en la mezquita de al-Qarawiyyin, y su posterior incorporación a la biblioteca oficial.

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