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Cómo hacer una portada para un ebook

 

Este artículo pretende ser una guía semipráctica para diseñar una portada de ebook eficaz. Pero permitidme que primero me introduzca en el tema con un poco de retórica, muy poca.

Que el mundo editorial ha cambiado es una obviedad. La característica principal de este cambio es quizas la desintermediación, ese término que ha supuesto para los autores el yo me lo guiso, yo me lo como. Pero la desintermediación ha traído consigo también algunas desventajas. En muchas ocasiones el autor vierte todo su esfuerzo y talento en lo que sabe hacer: escribir; y desatiende otros factores, que muchas veces suponen la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Una buena portada no es garantía de éxito, a lo sumo nos conseguirá algunas ventas marginales, pero una mala portada nos asegurará el rechazo de la mayoría de los lectores.

No infravaloremos la importancia de una buena portada al diseñar nuestro ebook, es la primera impresión que percibe un potencial lector, y debemos tener cuidado de no causar una mala impresión, de al menos sujetar a ese potencial lector el tiempo suficiente para interesarle en el contenido del libro.

Tradicionalmente la venta de un libro, descartadas las ventas que se realizan a través de gigantescas campañas de marketing y las del boca a boca, se desarrolla de la siguiente manera: el potencial lector entra en la libreria y deambula entre las mesas, un mueble relativamente reciente en las tiendas de libros, donde se le ofrecen multitud de portadas.

libros-expuestosEl hecho de que las novedades se dispongan en mesas, abandonando las estanterías, es precisamente la prueba de la importancia que han cobrado las portadas. Los diseños ganadores son los que finalmente acaban en manos del comprador, que le dará la vuelta al libro y leerá la sinopsis, decidiendo entonces si el libro merece o no la pena.

En el mundo del ebook ocurre algo similar. El lector que no tiene una idea clara de lo que quiere, precisamente al que queremos captar, entra en la página de descargas y comienza a navegar, casi siempre dirigido por ciertos filtros y algoritmos mágicos por los cuales algún programador trata de garantizar que verá sobre todo aquello que le interesa. Finalmente serán unas pocas variables las que impulsen a nuestro lector a investigar determinados libros: la temática, el título…, y la portada.

Este artículo obviamente no cubre determinados aspectos fundamentales, como el buen gusto, pero sí podemos controlar algunos factores determinantes, además de su implementación práctica.


 1  El motivo de la portada

La portada de un ebook cumple una doble función: presentar el producto, involucrar al lector en su contenido, informar de qué hay dentro del libro. Pero no cedamos al impulso de tratar de hacer un resumen de principio a fin, un collage como los carteles de cine. No funcionará a los tamaños en los que nos movemos. Tampoco debemos mentir, no prometamos cosas en la portada que no existen en el libro.

Muchas veces es más eficaz tratar de transmitir un determinado sentimiento, un concepto abstracto y sencillo, como amor, erotismo, crimen, oscuridad, miedo, apocalipsis...

El-regreso-de-la-momia lafuente-estefania-escopeteros I Want My Hat Back
De izquierda a derecha: cartel de cine de "La momia", portada de "Los escopeteros", un tipo de portada que bebía directamente de las fuentes del cine. A la derecha la demostración de que una gran portada no necesita un gran despliegue de medios. Basta con dar con el motivo adecuado.

Leer más: Cómo hacer una portada para un ebook

¿Libro electrónico o libro en papel?

 

A menudo, uno tiene la sensación de que podría llegar a determinar, sin miedo a equivocarse, la cantidad de libros que lee una persona en función de su respuesta a esa pregunta. 

Y es que cualquier lector, abordado con semejante cuestión, no podrá evitar sentir que se encuentra ante la versión literaria del sempiterno: «¿A quién quieres más, a tu padre o a tu madre?».
Podríamos decir cientos de cosas positivas de los libros en papel, y la mayoría de ellas, reconozcámoslo, bastante fetichistas. Al fin y al cabo, si de los cinco sentidos se trata, el libro impreso gana por goleada: el olor de la tinta, la rugosidad de las hojas, la delicadeza del papel biblia, el relieve de las portadas, el grosor del volumen, la belleza de un objeto geométricamente perfecto…
Pero también podríamos decir cientos de cosas positivas del libro electrónico, y aquí, es el pragmatismo quien gana la batalla: la portabilidad, la comodidad, la accesibilidad a todo tipo de obras procedentes de todos los rincones del mundo, la racionalización del espacio en nuestros hogares, la seducción indescriptible de portar una biblioteca en el bolsillo, la inmunidad a las enfermedades de los libros en papel…
ereaderAsí pues, mientras algunos se esfuerzan en que únicamente hablemos de formatos, eluden hacerlo sobre lo esencial: los libros. Y en esta cuestión, no hay discusión posible: los lectores salimos ganando.
La posibilidad de tener siempre qué leer, la disposición a un golpe de tecla de todas las obras de dominio público, los originales que conforman ya parte de la Historia de la Literatura, las enciclopedias, los diccionarios y todo tipo de obras de consulta; así como la opción de escoger nuestras lecturas, y no solo tener a mano aquellas que la industria editorial pone a nuestro alcance en las estanterías de las librerías y centros comerciales —dejando en el olvido libros que, alguna vez editados, jamás se volverán editar—, constituye un lujo del que todos deberíamos ser conscientes.
Caer en esa discusión, tal y como en demasiadas ocasiones intentan que caigamos, ignorando que hablamos realmente de un control por la distribución y por los contenidos, nos aleja de la valoración real que ha de responder a la cuestión que encabeza estas líneas: ¿Libros electrónicos o libros en papel? A la que, a menudo, como buena gallega, contesto con otra pregunta: ¿Por qué tienen que ser excluyentes?

 

*Silvia Pato es autora de Las nueve piedras, ebook que puedes descargar desde aquí.

**copyright de las fotografías de eflon y antonioxalonso bajo licencia Creative Commons.

Reglas básicas antes de enviar tu manuscrito

 

A menudo la forma ahoga al contenido. Una buena historia puede fácilmente acabar en la papelera virtual de un editor si el autor no ha prestado atención a ciertos detalles, pensando tal vez que la genialidad de su historia podrá con cualquier error gramatical, con cualquier defecto de forma. No es así. En este artículo se recogen los errores más comunes que los escritores cometen en los manuscritos que nos envían. Puedes mejorar sensiblemente tu libro antes de someterlo al escrutinio de un editor si prestas atención a determinadas omisiones o errores, relativamente frecuentes. De lo general a lo más concreto, deberías prestar atención a lo siguiente:

 1   Menos es más

escribiendoCada libro y cada página debe contener las palabras necesarias y ni una más. No siempre por dar más detalles vamos a enriquecer el texto. De igual forma, a veces el escritor tiende a considerar que es necesario recordarle al lector lo que sucedió en el capítulo uno, porque cree que se le puede haber olvidado. El efecto es a menudo un desastre: el lector, al que no hay que subestimar, puede acabar saturado al percibir que la historia no avanza, o que el texto tiene un cierto tufo didáctico.
Vuelve atrás solo si es absolutamente imprescindible. En general deja que sea el lector quien decida si tiene que releer un pasaje, no le obligues a ello.

 

 2  Diálogos

Escribir diálogos con naturalidad es difícil. Cuando dos personas mantienen un diálogo no tienen ninguna necesidad de usar sus nombres. El autor, por el contrario, se encuentra ante la necesidad de hacer comprender al lector quién está hablando en cada momento. De nuevo no subestimes al lector, y permite que sea el contexto el que identifique a los interlocutores. Asegúrate bien de que sea necesario repetir los nombres de los personajes en los diálogos, interpelándose uno a otro, sobre todo cuando se produce una conversación entre solo dos personas. Si son María y Pablo quienes mantienen un diálogo, no debemos caer en la tentación de recordarle constantemente al lector quién dice qué. No es necesario.
—María, ¿crees que tu hermano vendrá pronto?
—No, Pablo.


 3  El adjetivo

También en este capítulo de economía del lenguaje se sitúa el exceso de adjetivos. Pregúntate si el hecho de que el protagonista lleve un gabán verde de paño con ribetes dorados, amplios bolsillos y cuello abotonado aporta realmente algo al contexto, ofrece información sobre el personaje o añade algo al clima. A menudo, de nuevo, es más provechoso acudir a los recursos lingüísticos, comparación, símil o metáfora, que hacen aflorar automáticamente imágenes propias del lector, que a la descripción detallada, que exige al lector detenerse para captar imágenes complejas, entorpeciendo de paso el dinamismo del relato

 

 4  La puntuación: hay vida más allá de la coma

 

Ten especial cuidado a la hora de usar la puntuación, tanto comas como punto y comas y dos puntos. Muchos autores ignoran deliberadamente el punto y coma o los dos puntos, seguramente porque desconocen su gran utilidad; todo lo solventan con la socorrida coma. Pero su existencia es un recurso valioso para la ordenación de los textos.
Más abajo incluimos tres links de la RAE para el que tenga alguna duda. Como norma general, ya sabes que, por poner algunos ejemplos, van entre comas las enumeraciones, las frases yuxtapuestas o los incisos dentro de una oración —aunque éstos también pueden ir entre guiones, y en ocasiones esto aligera la lectura—.
La RAE es más tolerante en otras ocasiones; después de sin embargo o de los adverbios terminados en mente a veces se admite poner la coma o no ponerla, dependiendo de lo que venga a continuación. Tan equivocado está el que pone comas sin necesitarlas como el que prescinde ellas siendo éstas necesarias.

Lo que dice la RAE: 1, 2, 3.

 

 5  Mayúsculas y otros recursos tipográficos

tipografiaTodos conocemos las palabras que obviamente van en mayúsculas, como nombres propios. Pero a menudo el autor quiere dar un toque poético al relato y se permite escribir en mayúsculas por ejemplo La Piedra Verde Mágica, o La Espada Vengadora. Esto acaba por enredar el relato y entorpece su lectura.

Los accidentes geográficos (montaña, río, valle, etc.) se escriben con minúscula, excepto si la palabra está incluida en el propio nombre del río o mar, por ejemplo “la montaña de los Tres Ríos”. Los puntos cardinales se escriben en minúscula.

La RAE sobre las mayúsculas
No utilices mayúsculas para resaltar la importancia de un contenido, de la misma manera que no debes usar la negrita. El uso de mecanismos tipográficos para destacar contenidos se considera como muestra de cierta torpeza en la redacción. En este mismo sentido debería evitarse el uso de paréntesis.


 6  Puntuación de diálogos

En los diálogos se debe usar el guión largo “—“, también llamada raya, no el corto “-“. Precede al diálogo sin espacio:

—¿Has traído comida?

Si incluimos dentro del diálogo texto que no pertenece a la interlocución, una aclaración del autor, otra raya antecede a ésta, dejando el signo de puntuación que pertenece al diálogo para después de la aclaración, salvo que sea una interrogación o exclamación, que se cierra justo después del diálogo:

—Has traído comida —constató el hombre.
—¿Has traído comida? —murmuró el hombre.

Si después de la aclaración sigue el diálogo, ésta debe quedar encerrada entre las rayas:

—Habrás traído comida —susurró el hombre—, aquí estamos pasando hambre.

Éstas son, de forma muy básica y resumida, las reglas de puntuación para los diálogos.

 7  Acentuación

Sobre todo se da el error en palabras polisémicas, por ejemplo el y él, o esa y ésa. Puede cambiar absolutamente el sentido de la frase. Debes prestar especial atención a este error, ya que las faltas de ortografía dejan en mal lugar a cualquier autor.
Aquí encontrarás lo que dice la RAE sobre la tilde.

 

 8  Errores frecuentes

Hay algunas palabras que, por razones desconocidas, son susceptibles de inducir a error en su ortografía. Por ejemplo sino y si no, o el uso del de que, el famoso dequeísmo y queísmo; hay autores que, al no saber utilizarlo, lo evitan siempre, cuando, obviamente, hay ocasiones en las que es necesario.

Ahí va el link de la RAE

Es fácil perderse en la gramática de una oración demasiado larga. Para eso sirven los puntos, para respirar y poner orden

 

 9  La múltiple subordinación

Aunque también podría estar dentro del apartado “puntuación”, este tema merece atención aparte. Cuando el autor se enreda en oraciones excesivamente largas, en las que incluye coordinadas y subordinadas, en ocasiones acaba por perder la concordancia género número, o incluso mezclar tiempos verbales distintos que chirrían al lector. Por ejemplo, es habitual algo así: “El anciano pasó a su dormitorio, donde cada día entraba a la misma hora y con la misma ropa, y se dirigió a la cabecera de la cama, donde tenía su bastón apoyado en un rincón, éste parecía cansado” (¿El rincón?, ¿el bastón?). Es fácil perderse en la gramática de una oración demasiado larga. Para eso sirven los puntos, para respirar y poner orden.

 

 10  Leísmos y otros ismos

Éste es un tema relativamente simple, que se complica mucho debido a las excepciones. Lo más importante:

—¿Vas a ver al director?
—Sí, lo veré a las seis.

Lo correcto aquí es el uso de lo, no le, ya que su función es de complemento directo. Pero sigamos con el diálogo.

—¿Vas a ver al director?
—Sí, lo veré a las seis.
—¿Para qué?
—Le pediré disculpas.

Ahora se trata de una función de complemento indirecto, y por tanto el uso correcto es le. 

Lo que dice la RAE


 11  El corrector ortográfico

Usa el corrector ortográfico del ordenador. No detectará todos los errores, pero sí llamará la atención sobre aspectos dudosos. No hay que menospreciar esta ayuda.

 

Esto no pretende ser un manual exhaustivo del éxito de un manuscrito, sino más bien una guía útil de errores frecuentes para escitores noveles. La mayor parte del trabajo debe recaer, una vez más, sobre el escritor. No permitas que los errores y las erratas hablen por ti. Es cierto que es prácticamente imposible generar un manuscrito libre de ellos, pero minimizar su impacto sí es posible. 

 

* Fotografías bajo licencia Creative Commons de atribución: Rennett Stowe y Horia Varlan