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Terror, ciencia ficción y mujeres

 

No me considero alguien especialmente reivindicativo. Creo en la igualdad de género, por supuesto, pero el feminismo, sobre todo en sus aspectos más radicales, no es algo que vaya conmigo. Me produce una cierta pereza, lo reconozco, quizá porque pertenezca a una generación que se crió en tierra de nadie: nos quedaban muy lejos las grandes luchas por la igualdad y nos pillaron muy cansadas las que estaban por venir.

Por lo que si me tengo es por alguien curioso, inquisitivo, en todos los aspectos de la sociedad. Y, a raíz de mi propia experiencia, empecé a darle vueltas a ciertos interrogantes literarios a los que antes jamás presté atención: mujeres escritoras del género de terror o ciencia ficción, o más bien, la ausencia de ellas.

nepenthe-cover-epubNo deja de parecerme delirante (casi insultante), las aclaraciones que me está tocando hacer en muchos casos cuando me preguntan por la temática de mi libro *. Y es sobre todo en los círculos femeninos donde más rechazo encuentro. Para animarles a la lectura, debo explicar otros aspectos de la novela que jamás hubiera pensado: ¿Hay amor? Si. ¿Hay sexo? También.

Y es muy curioso, que te miren como si acabaras de decirles que has nacido en Júpiter, cuando, siendo mujer, te decantas por ese tipo de ficción. Entonces, educadamente, les recuerdas que la primera novela de ciencia ficción moderna fue escrita por una mujer. También era una novela de terror. Frankenstein se llama, quizá les suene de algo. Mary W. Shelley, de soltera Godwin, hasta entonces reducida a ser el relleno del sándwich que espachurraban su esposo poeta y su padre escritor, cogió pluma y papel y puso patas arriba el mundo de la literatura de ficción con su Moderno Prometeo. Aparte de su más famosa obra y de muchas novelas, libros de viajes y artículos, que ella misma editaba, igual que lo hizo con los de su esposo, encontramos otras dos curiosidades: no solo le dio tiempo de escribir El Último Hombre, una novela apocalíptica impensable en ese tiempo para una mujer, y su gran activismo político, heredado de su madre, filósofa y escritora feminista.

cuento de la criadaEn las listas (cómo nos gustan a todos las listas) de los mejores escritores de ciencia ficción, solamente encontramos una mujer, una entre tantos: Úrsula K. Le Guin. Ni siquiera la recién premiada con el premio Príncipe de Asturias, Margaret Atwood, con una exitosa carrera a sus espaldas, recibe un gran reconocimiento, o no todo el que merecería. Algo que ambas tienen en común con nuestra heroína pionera, es que ambas se declaran feministas y activistas. Entonces, ¿es necesario que una mujer deba pertenecer a ese grupo de pensamiento para escribir ciencia ficción? Dadas las coincidencias, no sería raro preguntárselo. Pero... la respuesta es no. Los premios Hugo y Nébula están (afortunadamente) demostrándonos que no es necesario, aunque, visto el panorama, una cierta valentía y transgresión sí que parecen ser imprescindibles. Pero autoras como Connie Willis, autora de Los Sueños de Lincoln o de la estremecedora Tránsito, no reivindican nada, si acaso, un hueco más grande para la mujer en un ámbito literario que nos empeñamos en no ocupar.

Examinemos entonces a las autoras de novelas de terror. Ann Radcliffe, autora de, entre otros muchos interesantes trabajos, Los Misterios de Udolfo y The Romance of the Forest, una delicada y romántica señorita cuya influencia es notable en Keats, Byron, Colleridge, las Brontë e incluso Poe, dado que fue pionera de la novela gótica de terror, llegando incluso a producir una curiosa obra post-mortem: "On the Supernatural in Poetry", by the late Mrs. Ann Radcliffe. Sentido del humor no le faltaba a la señora. ¿Qué pasó entonces, para tal parálisis del género fantástico femenino, con la excepción, si acaso, de Emily Brontë con sus Cumbres Borrascosas? ¿Quizá fueron las dificultades para cambiar los roles establecidos? ¿Quizá la mujer se encuentre más cómoda en otros géneros?

haunting of hill houseAvancemos entonces en el tiempo, hasta los años 60, apogeo del movimiento feminista. Se rompen barreras, se acaba con muchos tabúes. No es suficiente para dar alas a la mujer en el terreno de la ciencia ficción o el horror, por lo visto. Alice Sheldon, autora de Houston, Houston ¿Me recibe?, escribe bajo seudónimo. Masculino, por supuesto. ¿Todavía no se atreven o es que acaso no les interesa? Igualmente deprimente es el panorama del terror, en el que pocos nombres despuntan, como la mundialmente conocida Anne Rice o la menos, Shirley Jackson, una auténtica maestra del género, punto de referencia de autores contemporáneos como Stephen King o Richard Matheson. Si no han leído a Jackson y su The Haunting of Hill House, están tardando en hacerse con un ejemplar. Esa novela da miedo, mucho miedo, en serio.

Por supuesto, todo esto es subjetivo (aunque los datos están ahí, tampoco estoy descubriendo la pólvora), y podría dar pie a jugosos debates. Podría, pero... no se dan. Entre las mujeres que me rodean, a ninguna (¡ninguna!) le interesa la ciencia ficción. El motivo: porque no. Punto y final. Cero discusión. ¿Qué pasa con el terror? Sería de esperar que la respuesta fuera la misma, pero la sorpresa viene cuando descubres que a todas les interesa. Todas lo consumen. Distintos tipos de terror para distintos tipos de mujer. Y no, no hablo del romance sobrenatural que tan de moda está últimamente. Hablo del terror contemporáneo como el que crea Stephen King, Joe Hill o John Ajvide Lindqvist. De Henry James. De Poe, de los poemas estremecedores de Espronceda, de esos relatos acongojantes de Bequer.

Les apasiona. Lo consumen. Hablan de ello con entusiasmo.

¿Qué nos pasa entonces?

Evidentemente, no tengo la respuesta, solo la reflexión.

Soy mujer y escribo acerca del terror y la ciencia ficción, no tengo por qué disculparme por ello, ni aclarar que el porno mamá no es lo mío. Ustedes tampoco. Así que cojan sus bolígrafos y máquinas de escribir (aquí me pongo romántica, ya sé que todas escribimos en el ordenador) y cuéntele sus historias al mundo.

Otro día si quieren hablamos de los temas más típicos según el sexo del lector o del rol de la mujer dentro de este tipo de literatura. Podemos indignarnos o reírnos. Podemos aprender.

Podemos encender unas velas y disfrutar de un rato de charla siniestra bajo Rayos C brillando en la oscuridad...  

 

*Nieves Mories es autora de Nepenthe, ebook que puedes descargar desde aquí.

La biblioteca en el recuerdo

biblioteca

Cuando hoy he llegado a la biblioteca municipal, me ha invadido una irrefrenable ternura. Un grupo de niños, no mayores de cuatro o cinco años, esperaban en fila india en las escaleras de acceso, cogidos de la mano, y acompañados por dos profesoras, para entrar en un lugar que, a decir de la expresión de sus caras, todavía desconocían. Tal vez, en el futuro, alguno de ellos rememore este día con un tierno recuerdo como el que trajeron a mi memoria.
No les adelantaba en edad la primera vez que yo pisé la biblioteca municipal; aunque, al contrario que ellos, yo no fui con el colegio, sino que me adentré en un lugar que me hechizó por completo acompañada de uno de mis hermanos mayores. Hace tanto tiempo ya que ni siquiera se ubicaba en este edificio, pero lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Todo me pareció inmenso: las mesas inclinadas, las estanterías hasta el techo, los más delicados volúmenes tras las puertas de cristal de aquellos gruesos armarios de madera envejecida, las torres de tebeos y cuentos en unas mesas más pequeñas, junto al enorme escritorio de la bibliotecaria… Puedo evocar a la perfección aquella sensación de estar en un lugar mágico, en el que todo, desde las lamparitas hasta los bancos, desde los ventanales hasta las llaves de las vitrinas, me fascinaba.

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.

Leer más: La biblioteca en el recuerdo

Leer no es un hábito

libros 3El último estudio de Hábitos de lectura y compra de libros en España en el 2012 no dejaba lugar a dudas: la mayoría de la población lee poco. Solo un 52,1% de los mayores de 14 años reconoce leer libros semanalmente, y únicamente un 5,2% lee cómics con tal asiduidad. Este problema provoca que se realicen esporádicas campañas de animación a la lectura, normalmente con motivo del Día del Libro, esperando azuzar así el ánimo de aquellos reticentes a tener un volumen entre las manos; pero si tenemos en cuenta que la mayoría de las veces, la gente miente en las encuestas, seguramente el panorama sea todavía más desolador. Al fin y al cabo, todos conocemos a personas que se confiesan lectoras asiduas, y a preguntas tales como: «¿Por qué no lees más?», responden: «Porque los libros son tan caros…».

¿Los libros? ¿Caros? ¿Todos? ¿No hay bibliotecas donde vives? ¿Esa tableta que llevas no la conectas a internet? Y es entonces cuando comprendes de qué están hablando ellos y de qué estás hablando tú. Uno habla de superventas; otro, habla de libros.
Si nos centramos entonces en las novedades colocadas en los puestos de honor de las librerías y de los centros comerciales, algunas de ellas anunciadas a bombo y platillo en prensa y televisión, sí, probablemente, los libros no sean baratos; pero no podemos olvidar que una librería tiene muchísimas letras más que las que reposan sobre la mesa principal o las que forman torre.

Leer más: Leer no es un hábito