La literatura es parte de nuestras vidas de tal forma que salpica nuestras conversaciones de palabras, frases y expresiones en muchas más ocasiones de las que nos creemos y con más frecuencia de lo que pensamos.
No hace falta siquiera conocer la obra de un autor para comprobar que las referencias a la misma han llegado a formar parte de nuestra lengua a través de los siglos; el saber popular ha recogido las palabras de innumerables literatos y las ha convertido en parte de nuestro idioma, al margen de que los hablantes hayan leído sus obras o no.
Seguramente, cuando Fernando de Rojas (h. 1470-1541) escribió la Tragicomedia de Calisto y Melibea, no se imaginaba que uno de sus personajes iba a alcanzar tal importancia que salpicaría el habla coloquial con expresiones como «hacer de celestina» y «los polvos de la Celestina».
En la Tragicomedia de Calisto y Melibea, Celestina era una vieja y avara alcahueta, que hacía tratos con el demonio y preparaba todo tipo de pócimas. El joven Calisto acude a ella para conquistar a la doncella Melibea, y la hechicera utiliza sus malas artes para lograr cambiar la actitud de la muchacha.
Con estos antecedentes argumentales, cada vez que una mujer hace de intermediaria en asuntos amorosos, se dice que «hace de celestina»; mientras que, de manera coloquial, se habla de «los polvos de la madre Celestina» cuando se desea aludir al modo secreto y maravilloso con que se hace algo. Esta segunda expresión también tiene eco en la obra de teatro decimonónica Los polvos de la madre Celestina: comedia de magia en tres actos, de D. Juan Eugenio Harzenbusch (1806-1880).
La fama de tan singular personaje provocó que la Tragicomedia de Calisto y Melibea, terminara siendo conocida con el título de La Celestina, y conformando una de las obras más importantes de la literatura española.
*Silvia Pato es autora de Las nueve piedras, ebook que puedes descargar desde aquí.
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