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Los hijos de Mathnnow

Los-hijos-de-Mathnnow

Pablo Solares Villar

Armas forjadas con el negro metal de una estrella caída del cielo y un insólito viaje al otro mundo marcarán el trágico destino de los hijos de Mathnnow. Una navegación imposible hasta los confines del océano supondrá su legendaria redención.

Disponible en ePub, Mobi y PDF | Precio: 1,65 €

El autor

 

Pablo Solares Villar nació en 1976 en la localidad asturiana de Llanes. Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo, aunque su vida profesional ha discurrido por otros ámbitos diversos. Comparte su pasión por la literatura, como lector y como escritor, con la pasión por la espeleología y el descenso de cañones, presidiendo en la actualidad la Federación d’Espeleoloxía del Principáu d’Asturies.
Se ha alzado con el I Premio literario “La mesa de mármol”, y ha recibido Mención de honor en el II Concurso de poesía “Santa Rita”. Ha publicado los libros “Los hijos de Mathnnow” y “Cuando perdimos la libertad” en su faceta literaria, y las guías “40 barrancos de Asturias” y “De ruta por Piloña” (coautor en esta última) en su vertiente deportiva, así como colaboraciones en revistas culturales (microrrelatos y poemas) y artículos en publicaciones especializadas en temática espeleológica. Navega por la red al timón del blog Eritis sicut dii.

Ver extracto

 

Ossiarff de Myannwadd

 

Como se cuenta en otras historias, Gwynddev, hijo de Mathnnow, fue hechizado por Imahanda, la reina de los Dwa-Caeroety, y llevado al país de Myannwadd, donde reinó con ella. Gwynddev venció las cinco plagas de los Dwa-Caeroety, y al tiempo debido le dio un hijo, que llamaron Thweryon.

Pero cuando Thweryon, hijo de Gwynddev, tuvo la edad en que se cortan los cabellos, y una vez le fueran cortados, Imahanda le dijo, según la costumbre:
—Hijo amado, pide por tu boca todo lo que te dicte el corazón.
Y entonces Thweryon, por consejo de Gwynddev, hijo de Mathnnow, le pidió a su madre que le dejara a él y a su padre partir hacia las tierras de los mortales para poder ver a Mathnnow, hijo de Eurstywnn, y a Llye Mwy Thunn, hija de Artywv, los padres de su padre, que aún no conocía. Entonces Imahanda, sintiéndose traicionada, le concedió su petición, pero les maldijo diciendo:
—Que sea como tú pides; pero con una condición os concedo ir a Antor —y anunció que Gwynddev, hijo de Mathnnow, no podría yacer con ninguna mujer, y que si así fuese se convertiría en un jabalí al que ella misma daría muerte; y con igual furia anunció que Thweryon no podría hablar con Mathnnow ni con Llye Mwy Thunn, sus abuelos, pues de dirigirles una sola palabra, se transformaría en un lobo asesino que ella se vería obligada a cazar.
Y después de que Imahanda pronunciase estas aciagas palabras que acabarían envolviéndoles a todos en su trágico sino, una nube negra cubrió a padre e hijo, y cuando la nube desapareció se encontraron en el silfforv de Cantriff, y aún corrieron muchas aventuras antes de ver a su familia; mas estas hazañas ya han sido contadas en otro lugar.
Sin embargo, cuando Gwynddev y Thweryon marcharon de Myannwadd, ya estaba Imahanda de nuevo encinta. Y al cabo del tiempo debido nació un niño de espeso pelo negro, al que Imahanda llamó Ossiarff; pero su padre Gwynndev no lo conocía. Y cuando Ossiarff creció se hizo igual en apariencia a su desterrado padre, tanto en el cuerpo como en los ojos, el cabello, la voz e incluso el carácter orgulloso y audaz.
Pero el hado de una maldición les envolvía. Pues en verdad Gwynddev, hijo de Mathnnow, había lanzado una maldición cuando él y su hijo Thweryon llegaron al mundo de los mortales. Entonces, volviéndose, vieron a una doncella encinta cubierta por una cota de mallas áurea, y un mensajero de los dioses le dijo a Gwynddev:
—Gwynddev, hijo de Mathnnow, aquella mujer que os mira no es sino Imahanda, tu esposa, que lleva tu fruto en su vientre.
Y entonces Gwynddev dijo:
—Quieran los dioses que el hijo que lleva en su vientre haga a su madre arrepentirse de sus palabras.
Y los Nueve Grandes Magos auguraban que el destino tejería redes que atraparían a la reina Imahanda y a sus hijos.
Empero, con el tiempo Ossiarff se hizo un hombre y un guerrero, y cuando no tenía obligaciones en Istiuv n Ruthiann salía a cazar a los bosques, y muchas hazañas suyas han sido cantadas, y no es la siguiente la más insignificante de todas: pues un día, cabalgando por los bosques, unos pastores le dijeron que una fiera asolaba la región, pero no fueron capaces de decirle de qué bestia se trataba, pues a su paso sembraba el olvido. Entonces Ossiarff se adentró en la selva donde los pastores decían que moraba la bestia, y en penetrando entre los árboles vio un camino abierto con fuego y mucha destrucción, y temió Ossiarff que la bestia fuese un dragón que hipnotizase a los campesinos.
Siguiendo el camino de árboles quemados llegó a una gruta, y ya dentro de ésta vio un dragón que dormía, pero cuando se acercó a la sierpe, ésta estiró su cuello y miró a Ossiarff, y entonces, con una voz terrible, dijo:
—No eres tú acaso esa rata engendrada por el traicionero Gwynddev de Allende.
—Ése es el nombre de mi padre, mas no lo conozco, y no son cosas que interesen a una despreciable criatura como tú —contestó Ossiarff.
—Sí me interesan, Ossiarff, hijo de Imahanda, pues mi nombre es Erddyw, y poco conoces de la historia de tu padre si no me reconoces —replicó la fiera.
—En efecto, no conozco la historia de mi padre.
—Déjame que te cuente entonces que yo sólo engendré un hijo, llamado Huchrywff, y era el más poderoso de los de mi raza, y no había ser alguno en todo el país de Myannwadd que pudiera vencerle. Mas un aciago día, mientras mi hijo dormía, llegó a su guarida Gwynddev, hijo de Mathnnow, y a traición le clavó una jabalina de plata y acabó con su vida cobardemente, pues en combate abierto no lo hubiera vencido por muchos siglos que pasasen. Y después de cometer esa vil acción, aún hubo tu padre de mancillar los restos del gran Huchrywff, e igual que si fuese un cordero fue descuartizado en su propia morada.
—Iguale, pues, el hijo la hazaña del padre —dijo Ossiarff mientras saltando sacaba su hacha del arnés de la espalda y le cortaba la garganta a Erddyw, el segundo de los dragones más poderosos.
Y después de que Erddyw muriese, abrió Ossiarff el vientre del dragón y manó de él el fuego eterno que se derramó por las recónditas estancias de la guarida del dragón, a la que nadie pudo volver a entrar después de Ossiarff. Y entonces Ossiarff volvió a la corte de Istiuv n Ruthian y contó allí su hazaña, y muchos vieron en ella el espíritu de Gwynddev, hijo de Mathnnow, que se manifestaba en su hijo.
...

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Número de páginas: 80 (PDF)

Género: Novela fantástica, épica
Fecha de publicación: mayo 2012

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