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De cínicos, romanos y palabras

 

 

Diógenes solía deambular por las calles de Atenas teniendo como única posesión una prenda de ropa que cubría sus vergüenzas y una humilde escudilla para comer y beber, de la que terminó por desprenderse cuando vio a un niño bebiendo con las manos. También cuenta la leyenda que Alejandro Magno, deslumbrado por las historias que de él se contaban, le visitó y mantuvieron un diálogo parecido a éste:

 —Diógenes, pídeme cualquier cosa que quieras.

—¿Cualquier cosa?

—Sí.

—Pues apártate, que me ocultas  la luz del sol.

—Soy Alejandro el Grande.

—Yo soy Diógenes el Cínico.

—¿No me tienes miedo?

—¿Por qué habría de temerte?, ¿eres malo o bueno?

—Bueno.

—Entonces, ¿quién teme a alguien bueno?

Alejandro Magno, impresionado, contestó:

—Si no fuera Alejandro, hubiera querido ser Diógenes.

Pues este Diógenes fue el primer cínico famoso de la Historia. Casi todos hemos hablado alguna vez de alguien calificándolo de cínico, en el sentido de hipócrita. De hecho el diccionario de la RAE recoge, como primera acepción de cinismo "desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables". Pero nuestro amigo Diógenes era todo lo contrario a un mentiroso, era capaz de decirle cuatro verdades al gran Alejandro Magno y quedarse tan pancho. ¿De dónde viene entonces el calificativo de cínico? Aquí empieza el mundo de la etimología, donde una vez que te asomas acabas sumergido en la Historia.

Diógenes dormía y comía en la calle, como los perros; y los griegos a los perros los llamaban kinikos, de ahí nos llega el cínico. ¿Entonces por qué a los perros no se les llama cínicos?

Aaaaamigo, no iba a ser tan fácil. Diogenes, Jean Leon Gerome, 1860La palabra perro nos llegó por otro camino, por el de la onomatopeya: supuestamente el sonido prrrr se asemeja al gruñido de un can. Y tampoco es tan simple. En 1737 el DRAE, que era el antepasado de nuestra RAE, hablaba de la procedencia del término perro afirmando: "Viene del griego, por el carácter fogoso de estos animales (pyr es fuego en griego)".

Etimología. No sólo existe una, hay muchas corrientes etimológicas, e incluso una historia de la etimología.

Por esta vía onomatopéyica, tan apasionante a mi entender, nos han llegado otras palabras como amor, que viene de la raíz indoeuropea *amma-, voz infantil para llamar a todas las madres, italianas, francesas... Excepto los israelíes, que ya sabemos que son especiales y dicen ahava como amor, literalmente "yo doy". Del corazón nos dejaron, esta vez los romanos, la palabra recordar, o sea, re+cordix, volver al corazón.

El estudio de nuestra lengua es el estudio de nuestra Historia. Me gusta imaginar cómo sería nuestro idioma si en lugar de romanos, árabes y griegos (y muchos más) nos hubieran invadido los hindúes. O si en vez de descubrir América, Colón hubiera desembarcado en las costas australianas. Es importante tener en cuenta que las raíces de nuestras palabras vienen de pueblos invasores, guerreros, pero también arquitectos, filósofos, médicos y juristas. De igual modo, nosotros llegamos a América y dejamos nuestra lengua (y unas cuantas cosas malas también). Ellos nos dieron a cambio el chocolate, el tomate o el cigarro. Un poco más al norte y mucho después, los primeros colonos pobladores de EE.UU. decidieron conservar los nombres indios originales de los Estados que fundaron. Oklahoma significa pueblo rojo, Iowa, los dormidos y Kentucky, suelo oscuro y sangriento. Invasiones, guerra, dominación y muerte. Es nuestra Historia, la Historia de la humanidad.

Los griegos fueron, de todos a los que invadimos o nos invadieron, los que nos dejaron las palabras más hermosas: nostalgia, melancolía, efímero, entusiasmo... Ánima significa aliento; entusiasmo, posesión divina; historia, sabiduría; nostalgia se forma de nostos (regreso) y algia (dolor). El-mar-Egeo¿Alguien es capaz de describir mejor la nostalgia que ese griego que hace más de 2500 años añoraba el calmo mar Egeo? Por cierto, a ellos les debemos también la introducción de las vocales, porque aunque fueron sus antecesores los fenicios los que "inventaron" nuestro alfabeto, se olvidaron del pequeño detalle de poner vocales entre las consonantes; el lenguaje fenicio se debía de parecer mucho al antes mencionado gruñido canino. Van a tener que volver los griegos para solucionar el tema de los SMS.

Pero la más curiosa de las palabras heredadas de los helenos es melancolía. Se forma de melas (triste) y kolis (bilis negra). Los médicos griegos diferenciaban cuatro tipos de humores en el cuerpo humano: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Esta última era la más peligrosa, la que causaba enfermedades más virulentas y dolorosas. O sea, la melancolía se parece a una triste muerte negra... Algo más escatológicos son otros derivados de kolis como colitis o cólera, lo tengo que escribir para que esto no quede demasiado cursi. Cursi, por cierto, proviene de Cádiz. Se empezó a usar en el siglo XIX refiriéndose a unas niñas snob de la familia Sicour. Un gracioso le dio la vuelta al apellido para enredar las cosas. Pero el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas, que debería ser de obligada lectura, dice que cursi vino del árabe marroquí, donde kúrsi significa "figurón, personaje importante". Pero a mí me gusta más la versión de Cádiz, es más doméstica, y del árabe ya tenemos muchas palabras, unas 4000 de las más de 100.000 que figuran en nuestro diccionario. Por cierto, más datos: la letra más común como inicial es la c, le sigue la a y en tercer lugar está la p.

Siguiendo con los griegos, persona viene de prosopon, que significa máscara, que a su vez procede del árabe mashara, payaso, palabra que nos llega del italiano pagalacio, que significa muñeco de paja. Haciendo un silogismo barato, ¿Somos las personas máscaras o payasos o muñecos de paja o una mezcla de las tres? En realidad sospecho que somos una mezcla, una mezcla de griego, romano, árabe. Y más: hasta donde sé tenemos palabras que nos han llegado desde Japón (biombo), del checo (robot), del croata (corbata), del chino (charol) y hasta del polinesio (tabú). Y todas ellas tienen detrás una historia increíble.

Otro ejemplo de popurrí (¿queréis saber de dónde viene popurrí?) es la palabra laúd, que nos llegó del árabe al-ud, madera. Jugando con las palabras, nuestro alud procede del euskera luta. En cambio los romanos expresaban el luto, mujer de la luta, con el término luctus, o sea dolor. Laúd-alud-luta-luctus-dolor. Llegamos al dolor desde el laúd de los árabes, lo que es extraño, porque casi todos los instrumentos musicales nos llegan del italiano, como piano o violín.

Por temas, muchas palabras bélicas o referidas al ejército vienen de los beligerantes germánicos: yelmo, espía, guerra. Y una muy simpática: brindis, Ich bring dir's, significa "yo te lo doy", o "yo te lo traigo", que era los que los alemanas expresaban al chocar sus copas llenas de vino cuando, tras una batalla victoriosa, regresaban a sus cuarteles cargados de riquezas.

romanos-y-barbaros

Por cierto, dice mucho del ejército, de los ejércitos en general, que las palabras que usamos para términos de delincuencia, proceden de vocablos militares: los ladrones eran los mercenarios latinos, los soldados o solidus latinos eran las monedas romanas de oro, lo cual dice mucho de cual era su motivación (nada de patria u honor, la pela es la pela) y también latino es el término subasta, literalmente sub-asta, bajo las astas, que es donde los soldados romanos subastaban el botín de lo saqueado en sus batallas.

¿Y qué heredamos del francés? Bueno, depende de quién lo cuente: según ellos, como muestra de su espléndida cocina, nos dejaron la mayoría de los términos gastronómicos. Como poco es discutible. Veamos: aceptamos entrecot, pero rechazamos fresa, filete, restaurante, torta, y mermelada. Fresa viene de fragola latina, como el filete, la torta es griega (to artidion), y la mermelada, me van a perdonar, nos llega desde Grecia: mely + melon, o lo que es lo mismo: miel de manzana, aunque he de decir que pocas palabras he encontrado cuyo origen esté más disputado que la mermelada: portugueses, italianos y franceses pretenden ser todos sus dueños. Ya puestos, hablemos de la palabra peseta, que es, como no, catalana: peceta, referido a piececita. Bueno, no sólo peseta nos llegó, hay otras 350 palabras de origen catalán recogidas por la RAE.  


“En el siglo XVIII se usó por primera vez la palabra gringo, y desde 1869 está recogida en la RAE. Se trata de una deformación de griego; así como nosotros decimos de algo "me suena a chino", los decimonónicos decían "me suena a griego", que derivó en gringo.”  

 

El setenta por ciento de nuestras palabras proceden del latín. Pasión, o passio latina, es sufrimiento. Afortunadamente el paso del tiempo nos hizo superar este pesimismo y pasión adoptó el significado más alegre que asociamos a la excitación o el entusiasmo. Nos quedó la compasión, padecer con, literalmente. Pasión, compasión, inevitablemente nos remiten al lenguaje bíblico, y ahí entra en juego otro de nuestros legados: la herencia cristiana, que está no sólo en nuestra lengua sino en la de toda Europa Occidental, y que llegó a desvirtuar el significado original de las lenguas. Ejemplos hay miles, muchos de ellos cargados del machismo que la cristiandad ayudó a propagar por todo el mundo. Empecemos por la palabra mujer, del latín mullier. Significa aguado o blandengue y tiene la misma raíz que molusco, por ejemplo. Sus derivados son mujerzuela,  mujeriego, mujerona, mujeril. Por el contrario, hombre, homine, que significa algo noble y puro como es la tierra (el humus). Sus derivados, hombría, hombrada, y sobre todo Hombre con mayúsculas, como representante del ser humano. Feminismos aparte, la propia palabra religión, del latín religare, implica una fuerte atadura, o sea, lo contrario de libertad, que afortunadamente esta vez sí es femenina.

Un hereje, que la RAE recoge como desvergonzado, descarado o procaz no es ni más ni menos que un airetikos, alguien que va en contra de lo establecido. Los fanáticos y los paganos son más de lo mismo, los primeros eran simplemente los que cuidaban el fanus (lugar de culto), y los paganos tuvieron como pecado habitar en unas aldeas, pagus, a las que no llegaron las ordenanzas de Constantino de convertirse al cristianismo.

Más divertida es la historia de las vueltas que ha dado Lucifer hasta convertirse en el demonio. Parece ser que Lucifer (Lux-ferre, o portador de luz) era el epíteto del planeta Venus, nuestro lucero del alba, quién traía la luz tras la larga noche de oscuridad. Pues hasta el siglo VIII era un benévolo dios de la luz adorado por los babilonios. Cuando los israelitas, en su guerra contra los babilonios, derribaron la imagen de ese dios, pasó a la historia como el dios caído, o el ángel caído, o Lucifer.

  

“La inteligencia no es otra cosa que la capacidad de saber elegir, valorando las opciones que una persona tiene, lo que es más apto o más ventajoso: inter legare." 

 

Al bucear en el diccionario, al trastear en internet (gracias por cierto a etimologiasdechile), he tenido la sensación de estar manejando un tesoro, algo muy valioso, delicado y a la vez poderoso, mutante, vivo. Espero que estas reflexiones no hayan sido para ti, lector, un galimatías, ya sabes, de galli (según) y Matias, aquel Matías que nosotros conocemos como Mateo y que escribió una enrevesada historia sobre un tal Jesucristo.

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Comentarios   

 
# alkimico 13-02-2012 07:44
Si desde un enfoque puramente físico se dice que "somos lo que comemos", y se acepta que, desde un punto de vista espiritual, o metafísico, "somos lo que pensamos", y considerando al lenguaje el instrumento que configura nuestro pensamiento, también podemos decir que hay mucho de nosotros en las palabras que usamos, y mucho de nuestra Historia, como apuntas, en la de nuestro lenguaje.
Qué suerte que queden tantas palabras sobre las que hablar, escribir y leer otras. Pues eso, que sigas.
Responder
 
 
# psolares 20-05-2012 23:45
Qué entrada más buena! Y divertida!
Aporto alguna a la cosecha.
Una divertida: "tiquismiquis" del latin "tibi mihi" (=tuyo o mio)
Una bella: la belleza en latín era pulcritus, pero nuestra belleza surgió por un insospechado camino: de bonum (=bueno), a bonellum, y finalmente bellum (bello), aunque bellum en el latín de los romanos era "guerra"!!
Y una irónica: nuestro "arte", el "ars" de los romanos, para los griegos era la "techné" de donde viene nuestra técnica y nuestra tecnología. Para los griegos el artista el mejor como artífice, hiciera poemas o puentes, esculturas o barcos...
Saludos!
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