Sueños de cristal
Simone Mascardi
Sueños de cristal, cinco relatos de muy diversa temática y en los que caben ironía, humor, soledad, juventud y vejez.
Precio ebook: 0.00 €
El autor
Simone Mascardi nació en Florencia, Italia, en 1978. Vivió entre Londres, Milán y Madrid, donde reside desde hace más de diez años. Licenciado en Literatura inglesa, italiana e hispánica, enseñó italiano y español en distintas academias londinenses antes de mudarse a España. Especializado en literatura moderna y contemporánea, colaboró con varias revistas literarias tanto en inglés como en italiano. En Italia publicó su primera novela en 2004, “Ombre”, publicada por la editorial Meridiana.
Llegado a España, fue director de la revista literaria “Tiempo de las ideas”, que se editó entre 2006 y 2008. En 2012 publica su primera su novela, “El primer día de primavera”.
Actualmente está preparando la apertura del foro literario “El tiempo de crear”, mientras trabaja en su nueva novela, que saldrá en 2012.
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Hay historias que no deberían ser contadas, porque su desenlace es previsible y banal. Ésta es una de esas historias. Los hechos que aquí se cuentan son totalmente irrelevantes para la mayor parte de la gente, y dudo mucho que los periódicos u otros medios de comunicación se interesen por los sucesos aquí contados.
Todo empezó un día de otoño, mientras llevaba a pasear mis pensamientos por la playa, con un viento frío que anunciaba la llegada de la temporada de las lluvias. Vi al anciano tumbado en la arena y tuve miedo de que estuviera enfermo. Me acerqué a él y vi que, gracias a Dios, tenía los ojos abiertos y miraba al cielo lleno de nubes. Le pregunté qué tal se encontraba, y él contestó que como las nubes: gris, con ganas de que el viento se lo llevara consigo para siempre. Esta respuesta me hizo sospechar que esa persona tenía algún problema de senilidad, y disculpándome dije que me iba. Él no me hizo caso, y siguió hablando, más para sí mismo y para el mar que para mí:
—Soy como las nubes, o la arena, aquí esperando que el viento me lleve consigo. Pero la diferencia entre la arena, o las nubes, es que ellas nunca están solas. Son una multitud, nacen juntas y juntas mueren. La personas no: nacemos solas, y solas morimos, como mariposas que nacen al amanecer y mueren cuando el sol se apaga... Me gustaría ser una mariposa: viviría sólo un breve instante de consciencia, y me apagaría enseguida, y el sol me haría compañía en mi rápida desaparición. Pero no. Ochenta años de consciencia… son muchos, demasiados: ¿puede el alma aguantar tantos largos minutos de soledad?
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