| L. de Góngora | 0,00 € |
En este volumen se recogen los Romances de Góngora, correspondientes tanto a su primera época como a sus últimos años. A pesar de que Góngora es considerado el poeta más genial e influyente del Siglo de Oro, es de destacar que el autor no publicó personalmente sus poesías en vida, pese a lo cual éstas circularon de mano en mano, por circulos entendidos y cultos, recibiendo comentarios elogiosos y críticas muy positivas, formando parte de antologías, con su permiso o sin él. La influencia de su poesía llega hasta nuestros días.
La evolución de Góngora se corresponde con la de un autor cada vez más comprometido con el lenguaje de sus versos, su sonoridad, el uso de lo clásico, el cultismo..., llegando al punto de que en determinado momento su evolución fue dividida por los historiadores en dos etapas: Príncipe de la Luz, correspondiente a su primera etapa lírica, y Prícipe de la Tinieblas, etapa en la que intensifica notablemente su retórica, rozando a menudo la ininteligibilidad.
Los romances que ocupan este volumen comprenden temáticas muy diversas: pastoril, caballeresca, burlesca, amorosa, satírica... Pero más importante que la temática es de destacar la importancia que Góngora otorga al barroquismo, a la retórica y al cultismo, importancia que se incrementa con el transcurso del tiempo, llegando como se ha dicho a cierto grado de ininteligibilidad y de oscurantismo.
Además de los Romances, Góngora escribió numerosas letrillas —poemas de aparente sencillez que ocultan un gran sentido del ritmo y musicalidad— y sonetos, además de tres obras de teatro, la última de ellas inacabada. Sus Fábulas y Soledades son consideradas sus obras de mayor importancia.
Góngora nació en Córdoba y estudió en Salamanca, donde ya destacó como poeta. Fue canónigo de nuevo en Córdoba —amonestado por sus versos satíricos y por disfrutar de diversiones profanas— y viajó a menudo por España, encargado por su Cabildo. Mientras tanto, su fama se iba acrecentando, así como sus seguidores, tanto los culteranos, atraídos por el creciente cultismo de si obra, como por cantantes que deseaban musicar sus poemas. Incluso Felipe II se cuenta entre sus seguidores, ofreciéndole un puesto en la corte. No así Quevedo, con quien se enemistó al acusarlo de plagio, y quien lo retrato como hombre sociable, amante de la reunión, la charla y los toros. Murió en la miseria, en Córdoba, en 1627, arruinado por el intento de comprar cargos en la corte a su familia.
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Número de páginas: 261 Género: poesía, siglo de oro | ||
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