![]() | Marcos Moral | 1,65 € |
Tarrella es la saga de una familia aniquilada por la guerra, en la pluma de su última representante viva, heredera del trabajo y sacrificio de sus antepasados. Esta impactante y muy entretenida novela bucea en las razones del miedo, no superado y reconvertido en olvido histórico.
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Marcos Moral es el seudónimo de este vallisoletano nacido a mediados de los 70. Historiador de formación, escribe por necesidad de expresar y dejar constancia de sus reflexiones. De carácter introvertido y reflexivo, aterriza en el mundo editorial con la intención de no dejar indiferentes a sus lectores. En esta su primera obra ya nos deja entrever su capacidad por tomar partido y denunciar abiertamente su posición, frontal en muchos casos. En la actualidad compagina aún su faceta de escritor con otros trabajos. Ha publicado 4 libros, tres de ellos pertenecen a una serie de novela negra y el último un libro de relatos cortos.
Tarrella
Tras pasar Bot y Horta de Sant Joan, bastante antes de llegar a Arnes, entraron en un camino liso y ancho desde la carretera. El muro que se adentraba en el bosque vecino por ambos lados contenía una puerta con una inscripción en la parte baja de cada hoja; en la derecha, “Tarrella”, en la izquierda, “Martí”. La abrieron dos soldados con una palanca, no sin dificultad, y entraron en la propiedad con el camión. Pararon en el patio ante las dos moreras, frente a la fachada; allí les esperaba Pilar a la entrada del Mas, que oyó el estruendo de las puertas al caer. Presenció el frenazo, las voces, el ruido de las botas de varios hombres corriendo, el polvo levantado, las órdenes histéricas de un oficial. Quieta y expectante recibió la pregunta obvia sin sorpresa ni protesta alguna, en silencio:
—¿Pere Tarrella?
—Está en el campo, trabajando.
—¿Es usted su mujer?
—Sí.
—Tiene que acompañarnos al cuartel junto con su marido. Le dejaremos dos soldados para custodiarla mientras vamos a buscarle. Dígame hacia dónde tenemos que ir.
—Siga el camino de la derecha y tuerza por el primer desvío hasta la ermita. Estará en la viña de garnacha blanca que hay allí, dentro del clos.
—¿Qué garmacha ni clos ni qué niño muerto? ¿Dónde está esa viña?
—Entre la ermita y el río, o más bien lo que queda de ella.
—¿Qué ha pasado con ella? ¿los rojos?
—No sabemos. Supongo que la retirada.
—Quédese aquí y no se mueva. Vosotros dos, uno en la puerta y otro que la vigile dentro de la casa.
Ramallo vio la ermita derruida al llegar. Pere Tarrella estaba efectivamente en la viña, con un tanque pulverizador de latón a la espalda, buscando las llagas del oídio y maldiciendo haber escogido ese día para tratarlo, por la lluvia fina que caía desde hacía un rato. El caballo con el carro estaba a la puerta de lo que fuera la ermita, derruida hacía cosa de un mes. El ruido de un motor le previno de una visita que esperaba hacía días. Se quitó el pulverizador y lo dejó a un lado, despacio, mientras bajaban del camión. Ramallo lo llamó.
—¡Tarrella! ¡Aquí!
Cuando llegó, el capitán se había puesto entre dos hileras, cerrándole el paso, los pies separados, las manos en el cinturón.
—Vaya, vaya con el matacuras...
Nadie contestó. Pere Tarrella se paró a dos o tres metros, con los pies juntos, las manos junto a los muslos, y esperó.
—¿O es que vas a decir que no te cargaste al párroco?
—No, no lo hice.
—Pues tienes una finca muy bonita. Seguro que tu familia te la dejó para que la disfrutases después de quitársela a la Iglesia.
—La compré hace veinticuatro años. Y yo ya la explotaba entonces, como aparcero.
—A saber a quién le robarías el dinero para comprarla.
—A nadie. La pagué en parte al contado y el resto en tres cosechas buenas. Puede usted consultarlo en la oficina del banco, en Gandesa.
Ramallo se acercó en tres zancadas y le quiso dar una patada en los huevos, que Pere amortiguó con las manos por puro instinto. La diferencia de tamaño entre los dos hacía que la escena fuese casi un esperpento. Ramallo sacó la pistola y le apuntó.
—Te vas a arrepentir de llevarme la contraria. ¡Al camión!
Le abrió paso, pero Pere prefirió pasar a la hilera contigua por entre dos de sus viñas preferidas. Ramallo estaba cada vez más furioso; había tenido que soportar ya dos humillaciones del estirado del comisario, una de ellas esa misma mañana, por este fulano que estaba claro como el agua que se había cargado al cura. Levantó el arma, apuntándole a la cabeza.
—¡Quieto!
Pere se paró.
—¡De rodillas! ¡De rodillas ahora mismo! Vas a pedirme que no te mate aquí y ahora, porque de lo contrario eres historia.
Pere se arrodilló, se volvió y lo miró por primera vez. Ramallo, si alguna vez comprendió algo en su vida,
algo que no fueran las urgencias de sus esfínteres o de su bajo vientre,
algo que no procediera de lo peor que cualquier bípedo contiene,
algo que estuviera por encima del mínimo común denominador entre los humanos todos;
si lo consiguió, en ese instante fue consciente de la distancia cósmica que separaba a Pere de la tierra que pisaban sus rodillas, de los actores de ese momento, de ese momento completo; también del caos que lo había generado, también de la vida que Ramallo luchaba por conservar y él estaba a punto de perder. Desde tan lejos como pudo, respondió.
—Pues eso. No me mate aquí, ni ahora.
Número de páginas: 321 Género: novela histórica | ||
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