| Jorge L. Revilla | 0,00 € |
Un samurai en un futuro tecnológico, una extraña expedición a la Vieja Tierra, un viaje sin retorno a las estrellas... Todo esto puedes encontrarlo en una excepcional selección de relatos de ciencia ficción. |
Jorge Luis Revilla es un autor peruano de ciencia ficción del nuevo milenio. Dragón de Fuego de nacimiento, llegó al mundo en el año en que la primera súper computadora Cray-1 salía al mercado, Apple Computer era fundada, la sonda Viking 1 llegaba a Marte y el Concorde iniciaba vuelos comerciales. Como es obvio, no ha dejado de emocionarse por la ciencia y tecnología desde entonces. Geek, padre y humano al mismo tiempo. Vuelta a casa Los fuegos artificiales iluminaban el cielo de Barranco y el resplandor que se filtraba por las ventanas era suficiente para que sus sensores ópticos le mostraran la habitación sin necesidad de encender la luz. Nito Watakabe, peruano descendiente de japoneses, ex-campeón nacional juvenil de kendo y ex-consultor en seguridad de información pensaba en cómo había cambiado su vida en los últimos años. Fuegos artificiales. Todavía recordaba cuando era normal usar pólvora para esas cosas. Ahora eran explosiones controladas de plasma, que se lograban generando una reacción en el oxígeno y el hidrógeno del aire con unos láseres. Yoroshii. Era el 31 de diciembre del 2039 y los limeños celebraban la venida del nuevo año. Eso quería decir que el próximo año cumpliría 40 años. Nacer en el año que marca el milenio facilitaba mucho los cálculos. ...El autor
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Dos horas antes había notado que en el primer piso de su edificio, donde funcionaba la sede principal de la Iglesia Purista del Hombre, un grupo de casi cincuenta personas estaban reunidas, orando. Si supieran que el hombre que se había mudado tres meses antes y dos pisos más arriba tenía más de 12 modificaciones cibernéticas, seguro habrían tumbado su puerta para lincharlo o algo peor. Pero sus modificaciones eran indetectables; tecnología militar, nada como esas burdas modificaciones clínicas. No es que tuvieran la más mínima oportunidad contra él, pero seguro habría tenido que matar a unos cuantos antes que lo dejaran en paz y a estas alturas quería evitar muertes inútiles a toda costa.
De hecho, eso era lo que lo había llevado al retiro después de veinte años de impecable trabajo como operativo encubierto de grandes corporaciones. Habían sido veinte años de operaciones limpias, calculadas. Ichibyoshi no uchi. Hasta el 27 de setiembre del 2039. El hijo de nueve años del jefe de laboratorio de Genotec había olvidado su consola de juegos en la oficina de su papá. Tres segundos menos y hubiera estado fuera del radio de la explosión. Tres segundos. Fue también la cantidad de tiempo que le tomó darse cuenta que ya era suficiente.
Había preguntado el motivo de la oración a unos acólitos antes de tomar el ascensor. Al parecer el mundo se iba a acabar, por fin, en el 2040. Preguntó si era en el 2040 a la hora de Lima, porque tenía un amigo en Sidney al que pensaba llamar por televoz y tal vez el mundo ya se había acabado por allá. La expresión de sus interlocutores fue muy divertida.
Se puso de pie y caminó hasta la ventana, riendo. El climatizador no estaba funcionando y el calor era insoportable. La ventana no estaba diseñada para ser abierta, pero eso nunca había sido un problema. Algunos pedazos cayeron cerca de los acólitos del primer piso pero estaban tan concentrados que no se dieron cuenta. Ya mañana, tras reparar el climatizador, vería cómo colocar un vidrio nuevo
Fin del mundo, qué ridículo.
Y en ese momento, todo explotó.
Número de páginas: 87 Género: ciencia ficción, relatos | ||
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