| L. de Góngora | 0,00 € |
Incialmente las Soledades de Góngora era un ambicioso proyecto que comprendía cuatro partes, Soledad de los campos, Soledad de las riberas, Soledad de las selvas y Soledad del yermo. Finalmente el autor únicamente llegó a completar la primera. La segunda quedó inconclusa. Ambas se incluyen en este volumen, junto a la dedicatoria al Duque de Béjar. A menudo se ha considerado las Soledades como soporte o ejercicio de virtuosismo poético del autor, con un hilo argumental vacío, o muy parco, que permitía al autor una exaltación de la naturaleza, de la belleza de los objetos descritos.
Muchos de los detalles de Soledades son desconocidos precisamente porque Góngora no llegó a terminar el proyecto. Así por ejemplo las características del personaje principal iban a revelarse a lo largo de los cuatro poemas. Al interrumpirse la obra, se desconoce incluso su nombre. Refiriéndose a él como "Peregrino", el autor lo describe como joven cortesano, despechado por amor, que decide desterrarse y vivir como peregrino, comenzando así la primera de las Soledades.
En cuanto al oscurantismo, la dificultad de comprensión que se le atribuye a Góngora en ésta, su ultima época, debemos recordar que su poesía se asemeja de alguna manera a aquella pintura abstracta donde se transmite una imagen determinada, pero sin llegar a fijarla por completo en el lienzo. El autor desea transmitir mediante ciertos trazos o bosquejos su idea de la naturaleza, dejando que la imagen final se forme en la mente del lector. Pero no se trata de una libertad de interpretación. La imagen de Góngora —de la naturaleza, de los sentimientos— es concreta y desea transmitirse como es, pero no sobre el papel, sino en la mente del lector. Góngora no busca en absoluto la ambigüedad o la dificultad de comprensión, busca la colaboración del lector.
Góngora nació en Córdoba y estudió en Salamanca, donde ya destacó como poeta. Fue canónigo de nuevo en Córdoba —amonestado por sus versos satíricos y por disfrutar de diversiones profanas— y viajó a menudo por España, encargado por su Cabildo. Mientras tanto, su fama se iba acrecentando, así como sus seguidores, tanto los culteranos, atraídos por el creciente cultismo de si obra, como por cantantes que deseaban musicar sus poemas. Incluso Felipe II se cuenta entre sus seguidores, ofreciéndole un puesto en la corte. No así Quevedo, con quien se enemistó al acusarlo de plagio, y quien lo retrato como hombre sociable, amante de la reunión, la charla y los toros. Murió en la miseria, en Córdoba, en 1627, arruinado por el intento de comprar cargos en la corte a su familia.
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Número de páginas: 73 Género: poesía, siglo de oro | ||
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