Por delante quede escrito que soy un convencido lector de ebooks. Hace ya más de un año que no leo un libro de papel, no porque no me gusten, sino por otras razones. Me gustan los libros de papel, pero en contra de la opinión que suele analizar la cuestión sin gama de grises, yo carezco de blancos y negros. La duda es mi eterna compañera. Me gusta el papel pero también me gusta mi lector.
Dicen los que lo dicen, que el ereader no huele a papel, que ya por eso es despreciable. Supongo que lo dicen porque desde que nacieron, saben que la literatura huele a papel. Igual que aquéllos que nacieron sabiendo que lo escrito olía a pergamino, y que la imprenta traía consigo la bajeza del espíritu.
El olor de un libro es pobre argumentación, y con el fin de dotar a las hordas antiebook de un argumentario más sólido, he decidido compartir mis dudas acerca del e-reader. Yo sí leo ebooks, y seguiré haciéndolo mientras no cambie de opinión.
Sin más, aquí lo tienes: mi dudario acerca del ebook, lo que echo de menos del libro de papel.
1 Estoy cansado de que me pregunten qué estoy leyendo y no recordar el título ni el autor. Es verdad, me ocurre. En un Sony Reader no ves la portada del libro más que el primer día, y a menudo la olvidas. Echo de menos ver el título cada vez que retomo el libro.
2 Echo de menos la blancura del papel, el contraste, la limpieza del garabato negro. La tinta electrónica no está mal, pero el papel electrónico se parece más a una resma reciclada que al blanco nuclear de una buena edición.
3 Echo de menos las tipografías que nos regala en ocasiones la edición impresa. Echo de menos a la coqueta Novarese retozando en torno a una Futura bien sólida.
4 Echo de menos el diseño de una buena página, el pensamiento recogido entre las sólidas proporciones de una buena maqueta, capaz de contener no solo un texto, sino de ofrecerlo con belleza.
5 Echo de menos el volumen de un volumen, el saber al tacto cuánto llevas leído, cuánto rato de placer te queda por delante, sin mirar, sin averiguar, solo con tocar. Tanto si leo la Británica como si leo El Principito, mi lector pesa lo mismo, mide lo mismo, y su temperatura es siempre la misma.
6 Echo de menos las portadas en color, su presencia constante cada vez que retomas el libro. Echo de menos que mi primera mirada, y también la última, se detenga por un instante en la imaginación de un ilustrador.
7 Echo de menos la perdurabilidad de lo físico. Digan lo que digan, ningún archivo electromagnético ha tenido todavía la ocasión de demostrar que puede perdurar más que un libro bien cuidado.
8 En ocasiones echo de menos también mi biblioteca física, con su polvo, sus lomos desiguales, sus colores y texturas, y sus huecos cada vez que prestas un libro, y que te recuerdan constantemente que ya no lo tienes.
9 Echo de menos prestar libros, como antes lo echaba de más.
10 Echo de menos las ilustraciones, los colores, los pies de foto…
11 Echo de menos el no tener que tomar decisiones: ¿qué tipografía?, ¿qué tamańo?, ¿horizontal o vertical? Cuando abres un libro de papel, careces de capacidad de decisión. Es cómodo o incómodo, pero no es tu culpa, es la culpa de otro, del editor probablemente.
12 Echo de menos el hojear, el navegar adelante o atrás con el pulgar, el consultar, páginas antes, el nombre de un personaje, el devenir de una acción...
13 Echo de menos el dejar caer el libro por el borde de la cama cuando los ojos se cierran, sin importarme si se romperá o no, porque los libros de papel no se rompen cuando caen desde la cama.
14 Echo de menos el no depender de una batería para poder leer. Pido perdón por lo prosaico de la cita, y por la poca pertinencia si así lo crees, pero decía Val Kilmer en Planeta rojo que cualquier hombre que ponga su vida en manos de una batería, es un estúpido.
15 Echo de menos la flexibilidad del libro de bolsillo, que aunque nunca ha cabido en un bolsillo, sí se adapta a tu curva cuando lo llevas contigo.
16 Echo de menos la partición de palabras y el interletrado perfecto. Siempre me ha impresionado la capacidad de ajustar la longitud de un renglón a la del anterior y del posterior. ¿Por qué mi lector no sabe hacer eso?
17 Echo de menos no poder deshacerme con aspavientos de un libro miserable, tirándolo a la basura. Borrar un libro es un gesto que ni merece el nombre de gesto.
18 Echo de menos no poder llevar mis libros dos veces al año a la librería de viejo, para darles otra oportunidad y cambiarlos por otros a los que alguien quiso darles otra oportunidad.
19 Echo de menos las librerías, sus suelos silenciosos y sus lectores, sus tiempos muertos, sopesando y evaluando una portada, estimando la calidad de una edición, entresacando pequeños párrafos para saber si te gustará o no.
20 Echo de menos el sonido del papel.
21 Y por supuesto echo de menos saber qué lee tu vecina en el metro, que ya no se molesta en forrar su libro para no delatarse.
Pero si piensas utilizar alguno de estos argumentos, ten en cuenta que a pesar de todo, sigo fiel a mi lector. No es un libro, pero contiene todos los libros.
* Fotografías bajo licencia Creative Commons de atribución: d3b...* y Eowyn_86. Mis agradecimientos también al señor Kiko Veneno por su inspiración.